viernes, 26 de diciembre de 2014

22. Penúltima gilipollez del año

Cuántas más noches de escritorio he pasado este año pensando en musas, soñando en lugares, en otros tiempos. No existen momentos de transición, esto es, sin duda, un todo que no frena.

Fugaz.

No paro de aprender, por lo tanto no paro de errar y de recomponer. Mi vida es un todo que se rompe en mil pedazos un día para dentro de dos recomponerse. Es un puzzle, lleno de piezas, que depende del espacio y el tiempo se enlazan de una manera u otra.

Sencillo donde debería ser difícil y viceversa. Eso si, cada vez resuelvo mejor la arquitectura de mi cabeza y la ciencia de mi corazón, cada día me conozco más, cada día me miento menos. Aunque, aún sigo siendo el iceberg de siempre.

Bueno, me tendré que ir a intentar dormir y ya repasaré de nuevo el año en mi cabeza otro día. Lo único que necesito es eso que amo y odio a la vez: A las personas.


La vida son putas personas, y ya, sólo se necesita eso.

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