martes, 6 de enero de 2015

25. El saber

Cuánto más consciente soy de todo lo que me rodea  más quiero saber, más y más, no hay límites para mi gula, salvo en ciertos momentos, cuando eso nuevo que aprendo me hace sentir rabia e impotencia. Es el precio a pagar del que tiene tantas preguntas, que termina encontrando respuestas.
El mundo es un lugar abominable, brutalmente codiciado por seres humanos que, en su gran mayoría (me incluyo) tienen un punto, pues eso, humano. Esto significa que, dentro de la mentalidad humana, existen ápices de comportamientos fuera de los moralmente aceptados como buenos. Se llega a confundir y a adoctrinar a las personas con estos valores morales desde niveles mediocres y que, a medida que aumentan, demuestra cómo somos en realidad.
Con esto quiero dar a entender que los humanos tenemos toques de maldad, de codicia, de avaricia, etc, que proyectados a nivel mundial producen un estigma imborrable en la especie humana y, por tanto, un peso que debemos cargar todos, siendo el peor de estos pesos de injusticia.
Y es que sales ahí fuera a empaparte de la vida, a aprender, a conocer, a compartir, a viajar…a lo que sea con tal de sentirte vivo, que cuánto más lo haces y más te gusta más duro es el golpe de la realidad.

¿Arriesgarte a seguir aprendiendo con la posibilidad de hundirte o vivir en la más infructuosa ignorancia? Esta es, como muchas otras veces, la pregunta a responder, la que quizá nunca se sepa responder pues los límites son inalcanzables e inabarcables. 

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