viernes, 1 de mayo de 2015

34. Top de Abril [Cine]

Si no hice un top en Febrero y en Marzo, fue por la escasa calidad del mes en cuanto a los visionados de películas que hice, nada que ver con este Abril, probablemente, uno de los mejores meses de mi vida, cinéfilamente hablando.
Tirando de la lista pendiente (a.k.a. la lista de la vergüenza) he abordado muchos grandes clásicos, como siempre muy variados, pues intento no centrarme en épocas o géneros para así hacer más llevadera mi todavía etapa de aprendizaje (aunque esta durará eternamente, espero).


Me gustaría destacar de este mes, más allá del top que comentaré abajo, la oportunidad que tuve de ver Juegos, ídolos y LSD, de Peter Mettler, y de poder disfrutar de una charla post-visionado en la filmoteca junto a él, en persona, que andaba de paso por Europa. El documental muestra, durante 180 minutos, el ideario de Mettler respecto a la condición humana y su búsqueda del placer alrededor de multitud de otros aspectos,  en diferentes localizaciones como USA, la India, Suiza o Canadá, tocando temas relacionados con la religión, las drogas, la naturaleza o el arte. A destacar también su poderío visual y sonoro.


1 – Nostalgia (Andrei Tarkovsky) 1983
Un estado mental. El trasvase del estado anímico y personal del autor hacia la obra, eso es Nostalgia. Tras su marcha de la Unión Soviética, en la cual había estado prácticamente toda su vida, Tarkovsky decide trasladar ese sentimiento tan profundo como es echar de menos tu tierra y tus costumbres en una cinta como esta, todo poesía en su forma y en su contenido. Todo el simbolismo no es más que piezas del puzzle que termina por construirse al final, mientras que el espectador une poco a poco cada parte de la historia del poeta perdido fuera de casa, acogido por la Italia más nublada y poco vistosa que Tarko pudo filmar, adrede, desde luego, haciéndonos disfrutar de esta maravillosa obra.


2 - ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick) 1964
Otra obra magistral de la obligatoria filmografía del cineasta inglés. Aprovechando la tensión que despertaba la Guerra Fría entre ambos bandos, Kubrick se sacó de la manga esta sátira antibelicista, dándole, además, uno de los papeles de su vida a Peter Sellers (bueno, papel no, papeles).  Rodada de manera sobresaliente y con el característico uso de Kubrick de las maquetas y la perspectiva, consiguió otro prodigio técnico para la época, cosa que repetiría con 2001 unos años después. No sólo existe la comedia negra en la cinta, sino también cierto toque dramático y de tensión que no se resolverá hasta el final.


3 – La soga (Alfred Hitchcock) 1948
Tenía ya muchas ganas de hincarle el diente a otra película del maestro del suspense, y no se quedaron atrás mis expectativas. Partiendo de un único escenario y de un falso plano secuencia, Hitchcock crea la atmósfera perfecta que, junto a las magistrales actuaciones del elenco y una puesta en escena sencilla pero potente, nos introduce en las retorcidas mentes de unos personajes muy conseguidos, destacando así la cruda naturaleza humana.


4 – El séptimo sello (Ingmar Bergman) 1957
En la Suecia enferma de peste de después de las cruzadas, un guerrero y su escudero recorren, junto con otros tantos personajes, un país junto con los miedos de su sociedad: La muerte, la desesperanza, la religión, la existencia de un más allá y la redención. El ajedrez nunca tuvo tanto poder en una película, pues nunca fue jugado por nadie que tuviera el valor suficiente de retar a la muerte para así conseguir tiempo y resolver sus mayores dudas. Un final delicioso.

5 – El ángel exterminador (Luis Buñuel) 1962
Como es costumbre durante toda la vida de Buñuel, la crítica a la estupidez burguesa de la época sigue latente en El ángel exterminador. Desconcertante película, hasta el punto de irritar al espectador con su atrayente trama que roza lo sobrenatural. No hay mejor manera de aunar crítica y surrealismo que convirtiendo a la clase alta en esclavos de su propio ego y pseudointelectualismo, encerrándolos en su propia jaula.

6 – La noche del cazador (Charles Laughton) 1955
Espléndido cuento de hadas en la América sureña de principios de siglos, con un Mitchum aterrador y una puesta en escena magnífica. La persecución de un par de niños a manos de un predicador con ganas de marcha no podría ser tan apasionante de no ser por la dirección de Laughton, caso curioso el suyo, pues la acogida en taquilla de la película fue tan mala que jamás volvió a rodar, consiguiendo con los años mayor reconocimiento por parte de la crítica. Música y fotografía muy notables.

7 – Scarface (Howard Hawks) 1932
Comienzos del sonoro en el cine mundial, muy poca experimentación por parte de las majors, pero ningún problema para que Hawks haga la primera gran película sobre crimen y mafias que hubo hasta el momento. Mucha potencia verbal en su protagonista, mucho valor en las escenas de acción para la época y más que recurrente uso del sonido con los rudimentarios aparatos de los que disponía. Una lluvia de balas y de chulería constante a lo largo del film.

8 – Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly) 1952
El mejor musical de la historia, la gran apuesta por el technicolor, los números inolvidables de canto y baile, la puesta en escena grandiosa…Fórmula matemática perfecta para el resultado perfecto. Inmejorable, está medida de cabo a rabo, quién pudiese bailar como Gene Kelly.

9 – Freaks, la parada de los monstruos (Tod Browning) 1932
El cine se introduce en un circo ambulante (que, en la época, aún seguía siendo uno de los métodos para poder disfrutarlo) y enseña la cara cruda y más oculta del estrellato. Sórdida en su aspecto formal y en su elenco actoral, pero de un resultado demoledor, entre la sátira y el terror, imprescindibles para mantenernos una hora entera alerta.

10 – Kagemusha, la sombra del guerrero (Akira Kurosawa) 1980
Kurosawa no quería irse sin antes rodar esta preciosa historia sobre la dependencia marcial del siglo XVI japonés, pues no se era nada en la época sin un gran señor de la guerra que controlara el castillo y los ejércitos. Gracias a Coppola y a George Lucas sacó adelante la cinta, mezcla de sus famosas películas de samuráis y de sus mundos oníricos pintados al más puro estilo impresionista de Van Gohg. Bellísima e increíble puesta en escena que consiguió la palma de oro de Cannes.


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