sábado, 9 de mayo de 2015

35. Indonesia, el paraíso perdido de Joshua Oppenheimer.

Voy a adentrarme en un tema algo peliagudo y cruento, pero también de necesario conocimiento para todos, puesto que de lo rocambolesco que es, parece sacado de una película...Y no; esto es realmente lo que ocurre en el mundo y lo que ningún medio de comunicación al uso te va a contar.

Empezaré diciendo que llegué a conocer la problemática indonesia a través de un documental llamado The act of killing, del (excepcional) documentalista Joshua Oppenheimer, un americano que creció en Copenhague y comenzó a rodar hace más de diez años. The act of killing empezó a tener visibilidad casi al mismo que se movía en las salas y festivales del mundo, hace unos tres años, pero no fue hasta que llegó su nominación al oscar en 2013 cuando alcanzó un nivel general de expansión. Yo ya le tenía fichado para verlo en cuanto pudiese, y este pasado Enero conseguí la versión completa del director (la versión que se comercializa tiene media hora menos ya que las imágenes son espeluznantes) y bueno, me introduje en un tema que no conocía para nada y salí entre enfadado y asombrado. Tras verlo investigué y Joshua tenía previsto, en este año 2015, sacar una segunda parte del documental llamado The look of silence, el cual pude ver hace escasos días en un festival de Madrid (en su estreno en primicia en toda España y por el cual ha ganado el premio del público de dicho festival). También conté con la presencia del mismo Joshua antes de comenzar la película, que venía a presentar su trabajo en un modesto coloquio, en el cual contó anécdotas de ambos documentales, pues bien las merecían, fue una hazaña asombrosa. Ahora me dispongo a contar lo que el documental relata y que, a su vez, cuenta la espantosa realidad de Indonesia desde mediados del siglo pasado.

Indonesia, antes de 1965 y desde que se proclamó su independencia en 1949, vivía bajo el mando de un político nacionalista llamado Sukarno, que pasó de gobernar en democracia  hasta que se volvió, con el tiempo, mucho más autoritario, algo que no gustó a los grupos radicales anticomunistas a pesar de que este llevase a cabo la independencia del país. En 1965 se produjo un golpe de estado que terminó en 1968 con la subida al poder del líder del grupo paramilitar que había comenzado dicho golpe. En esos tres años se llevaron a cabo más de dos millones de asesinatos con el pretexto de que las víctimas eran comunistas, aunque no lo fuesen, pues se mataron  no sólo a comunistas, sino también a intelectuales, japoneses, chinos, socialistas y cualquier persona que no apoyara el régimen paramilitar que estaba surgiendo. Este grupo paramilitar aún sigue en el poder, apoyado desde siempre por las potencias mundiales de Estados Unidos y Reino Unido, negando que existiese un genocidio durante los años del golpe y, aún hoy en día, controla todo el país a sus anchas, desde ministros a presidentes, pasando por todos los niveles de educación y enseñanza para así mantener a la población engañada y asustada a partes iguales
Mientras que en The act of killing el documental se centra en los asesinos, contando todos sus métodos de tortura, The look of silence se centra más en una familia que sufrió los estragos del golpe de estado, y la cual sirvió de nexo para comenzar con los dos trabajos. Ambos documentales con surrealistas, crueles, inhumanos, macabros…Y tan reales que dan miedo.
Oppenheimer retrata así la corrupción de todo un país, desde la cabeza hasta los pies, de todo el horror aún latente y de una sociedad enferma  como es la indonesia. Ni siquiera el Tribunal Mundial de la Haya o las organizaciones de derechos humanos pueden hacer algo, pues existe el veto de Estados Unidos y Reino Unido que evita la acción dentro del país, por lo que tendrá que ser este mismo el que, con la ayuda de trabajos como estos documentales, se autorregule y alcance un equilibrio para poner denunciar toda la situación, tanto la pasada como la actual, haciendo que los asesinos y los gobernantes paguen justamente por sus actos, que están aún más asentados en el poder si cabe y que se vanaglorian de todas las muertes que han provocado.

Con todo esto, aparte de vislumbrar la realidad del mundo que no se cuenta en los medios, quiero reivindicar la figura del documental como herramienta de conocimiento y cultura y como otro formato fílmico que mejora cada vez más (en detrimento de la ficción).
De paso quiero recomendar los otros dos documentales que pude ver en el festival estos días: El primero es Virunga, documental sobre el parque nacional homónimo perteneciente al Congo y donde humanos, gorilas y otros animales tienen que hacer frente a la corrupción local y al capitalismo exterior que quiere explotar los recursos naturales del parque a pesar de que, para ello, tengan que exterminar y extorsionar a medio parque. El segundo es Cartel land, el más crudo de los tres por su dureza y sus imágenes de la frontera entre México y Estados Unidos, pues habla de los grupos militares de ciudadanos, tanto mexicanos como estadounidenses, que luchan contra la corrupción y las drogas cuando, ellos mismos, sobreviven gracias a ambas.

Tres documentales en tres continentes distintos, tres problemáticas que comienzan y terminan con la corrupción y la violencia, ambas producidas por la incultura, la ignorancia, la escasa ayuda de sus gobiernos y la mirada apartada del resto del mundo, que no sólo no ayuda sino que se aprovecha de estos continentes para explotarlos.


Recomiendo todos, pero con bastante estómago y a sabiendas de lo crudo que puede llegar a ser la experiencia. Dejo también los tráilers de los dos trabajos de Joshua Oppenheimer.



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