jueves, 18 de junio de 2015

38. De mi liana pensante interior

Es a estas horas cuando el valor de las cosas pasa de un estado sólido a otro gaseoso en cuestión de décimas de segundo, el tiempo que tarda en conectar una neurona con otra para recordar u olvidar millones de fragmentos de materia. Son estas noches crueles y a la vez altruistas, llegadas en los momentos menos esperados, cuando se te ilumina la bombilla y te llueven las preguntas ¿Estaré aprovechando mi vida? ¿Qué es de todas esas personas que dejo por el camino y se acuerdan de mí? ¿Dónde está el límite del ser humano? ¿Por qué la condición humana nos llena de errores?
No puedo ser consciente nunca de todo lo que pasa ante mí en estos momentos, más aún cuando, con el pc delante, me pongo como loco a intentar buscar respuestas a todo. Realmente, no sé qué pretendo, no puedo responder a todo, de hecho debería dejar de preguntarme tantas cosas y de jugar todo el rato sobre el filo.
Pienso en Asimov y Sagan y en lo que me gustaría tener su coco, pienso en qué haré sin NBA estas noches hasta dentro de cinco meses, en esa chica que me miró en el autobús y me sonrió el otro día, pienso en esa gente que no me traga pero que hace lo posible para poner buena cara aun costándoles mucho, en todos esos libros que quiero leer  y aún ni sé de su existencia, en todos los lugares en los que quiero dejar mi sello, pienso en esos políticos, policías, reyes, presidentes, jueces, medios, banqueros y poderes que nos rodean y nos obligan a seguir su sistema de pseudolibertad…En cómo cualquier pequeña brizna de razonamiento lógico se ve intoxicado por las circunstancias espaciotemporales. Mi mente crea mundos que no puedo controlar porque, como humano, no me alcanza el coco para más, no puedo, va más rápido mi mente que yo, esos flashes en el cielo de mi interior no sé qué significado tienen, es todo tan grande, tan infinito, tan descomunal y, a la vez, tan diminuto…Qué será de mí cuando lea esto en un año y piense en lo estúpido que es, todos tenemos estas cosas dando vueltas, no soy más que un granito de arena en ese reloj en manos del tiempo…El tiempo.

Y luego me besas, y mi hambre cambia de bandera, y mis ojos vierten más sangre, y mis manos dejan de ser conscientes de la gravedad. Todo se reduce al principio último de todo ¿Por qué pensar en todo aquello tan lejano como la estrella más brillante? Reside en darle el valor de todo eso a lo cercano, a lo palpable y contable, aunque sea en páginas, minutos o acordes. ¿Qué cojones hago que no duermo? Me pesa la cabeza de tanto pensar…Para ya chico, te vas a volver loco.


Y lo suelto, sin ninguna puta vergüenza, como suelto todo y como os jode todo según lo suelto, amigos de conciencia dormida y alienada, desde mi fortaleza os miro y os suelto esta trola, esta falacia que no se aguanta en sí misma, pesa demasiado todo lo demás…

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