martes, 13 de octubre de 2015

46. Vago intento de un mortal al describir lo que recorre su cuerpo cuando la ve a ella.

Me cuesta mucho encontrar palabras para describir un sentimiento como este, pero eso ya lo sabes, ya te he dicho que necesitaría del arte o de la música para acercarme siquiera a exponerte esto, y creo que podría quedarme lejos de algo tan complicado como es el amor, que ni es amor siquiera, es otra cosa distinta, no sé si por encima o no, pero distinta ¿Ves? Te dije que era complicado argumentar esta sensación. Es complicado porque, además, siento tener una responsabilidad muy grande, un miedo inmoral que yo creo entender pero que tú ni entiendes, como si de mí dependiesen mil vidas sujetas al espacio entre nuestros cuerpos, y que se tambalean cuando noto que te alejas, luchando e intentando aguantar,  por mí y por ti, por ambos, aferrándose a nuestra piel y provocando un tipo específico de quemadura que no provoca el fuego, que no provoca nada terrenal.
 Todo es exponencialmente intenso: Cuando más me das más quiero, cuando más te alejas más duele. Todo me parece poco e insuficiente, insignificante, absurdo, sólo te quiero a ti, como el niño caprichoso que quiere la piruleta más dulce de la tienda, a ti y sólo a ti.
Lo sé, lo sé, sé que te tengo, que eres mía, pero ni eso me sirve, necesito fundir nuestros cuerpos en el tiempo. Tengo un hambre voraz e incansable, una vida entera que aprovechar y que necesito ya. Me vuelvo ansioso y enfermizo, casi colérico, perdido si no consigo verte reír, decepcionado si no disfrutas tanto como yo lo hago.
Devuélveme a nuestro rincón y encadéname. Sé mi musa, sé mi luna, sé mi oasis, sé mi presa y hazme sentir un caníbal.
Incluso mi mente me traiciona cuando no puedo olerte como debería, ni mis hormonas ni mis enzimas ni mis moléculas entienden de esto, sólo saben que necesito encender tu cuello y calmar tus labios, que ni un hielo nos quemaría porque sería vapor antes de rozarnos, que no escribiría esto si no estuviese loco, loco de verdad, pues haces que vea mundos en llamas y torres caer, rayos de luces parados frente a nuestros ojos y que sienta escalofríos que ningún ser humano ha podido sentir sobre su espalda.

 Siento que ni en una existencia infinita podré darte lo que me das y eso me hace sentir miserable, me hace sentir vergüenza de mis propias exigencias al no poder hacer frente a este sentimiento…Se me queda grande y no puedo controlarlo ni entenderlo, me maneja y me mutila por dentro, pero me hace recordar tus ojos aún dormido, y me hará recordar tus labios aún muerto.

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