miércoles, 13 de abril de 2016

57. A fuego

Siempre vuelves a sorprenderme.

Cuando pienso que he tocado el cielo y no hay nada más después, sólo necesito otra noche bajo tus sábanas para mirar más allá. Primero me hiciste inmortal, luego aprendí a volar, más adelante te necesité para sobrevivir y, ahora, no paro de imaginar nuevos mundos lejos de mi galaxia a través de tus ojos, en los que sólo veo incendios y estrellas.

El paraíso, piel con piel, esa sensación que no tiene descripción humana y concebible posible…pero lejos de ella todo duele más. En mi deber también se encuentra respirar tu mismo aire, y no siempre puedo, ahí muero por dentro esperando volverte a tocar, piel con piel.

Camino sin oxígeno en un mar infinito y eterno, oscuro, y rodeado de monstruos abisales, de seres que sólo quieren devorarme y verme caer entre la arena. Vago por praderas vacías buscando tu luz, luchando por la vida que me das, esperando para volver a verte. Siempre tengo la esperanza y siempre te recuerdo tan viva en mí que casi te siento al lado, pero es un espejismo más.

Y, al final, siempre te encuentro, luminosa y dulce, electrificante, hasta la próxima vez que vuelva a vagar sin ti, por eso te pido que no me sueltes, que me acompañes, que esto crece más y más rápido, como un bosque después de haber ardido tras nuestros pasos.


Quién a hierro muere a hierro mata, quién a fuego siente a fuego ama.

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