sábado, 15 de abril de 2017

85. Redirigir caminos. Individuales. Colectivos.

Del colectivismo sin reservas al individualismo más extremo.
Es brutal lo polarizada que está la sociedad occidental. Las nuevas generaciones, además, llevan este fenómeno más allá. 
Es la sociedad más arcaica y más simple la que, gracias a su unidad y sentimiento de pertenencia, empieza a comerle terreno al, en teoría, pez gordo.
Hay ciertas obviedades que no tienen que ver con el magufismo o los gorros de papel de aluminio: la religión en ciertas sociedades no ha cambiado en siglos mientras que, en la occidental, cada vez tiene menos peso, con todo lo que eso incluye, que será malo o bueno según los ojos que miren.
Aquí, en vez de unirnos contra el mismo enemigo, nos enfrentamos entre nosotros, ya sea por nuestro lugar de procedencia, nuestra orientación sexual o por nuestro sexo. El capital es del que derivan todas las desigualdades y, en parte, es el que financia el terrorismo de las sociedades no occidentales que nos quieren comer la tostada. 
Nos estamos autodestruyendo entre gilipolleces, dándole voz (y considerándola de peso, además) a estúpidos y estúpidas sin formación ni conocimiento alguno, permitiendo que los que vienen después de nosotros estén lobotomizados e ignoren su lucha real. Nos comerán la tostada, sin duda, pero yo ya no estaré aquí (espero).
Sí me gustaría dejar cierto legado para los críticos, para los conscientes, para los que no absorben propaganda como si fuesen cubatas y para los que aún creen en la democracia. 
Quizá mi única misión sea esa: remover conciencias y mostrar que, el pensamiento crítico, es la verdadera salida a todo. ¿Cómo? No lo sé, usando mi medio, espero. O el que sea, pero dejar un legado que permita conocer el virtuosismo y la luz del humanismo (además de sus sombras más oscuras) y que visto en perspectiva enseñe a las mentes menos preclaras que quizá no llevan un camino claro.
Servirme a mí, para sentirme realizado, útil y feliz. Del mismo modo servir a los demás para plantar semillas de conciencia en mentes de poca actividad crítica. 

...

Aprovechar el descontento, el caos y los laberintos de este momento social y humano para salir adelante. Para crear, formar y devolver un camino claro al ser humano. Aquí o en otro lado, pero cada vez está más cerca.

PD: Necesito dormir mejor y más. Si sigo a este ritmo caeré más pronto que tarde.


domingo, 2 de abril de 2017

84. Top de Marzo [cine]

1- Güeros
2- Tener y no tener
3- Armonías de Werckmeister
4- El tesoro de Sierra Madre
5- Mi vida de calabacín
6- Monsieur Verdoux
7- Melancolía
8- Your name
9- El limpiabotas
10- Un día en la vida de Andrei Arsenevich


PD: Vuelvo para editar esto.
Güeros de una joya que no sé cómo llevaba tanto tiempo sin ver. Una cinta de mucho talento plástico y que respira el autor por todos sus costados.
Tener y no tener es otra oda de los 40 con Bogart y Bacall a otro nivel interpretativo.
Descubrí por fin el arte de Bela Tarr, tarde también. Me recuerda a Tarkovsky a casa segundo.
Por lo demás, todas geniales películas.

domingo, 19 de marzo de 2017

83. Grandes planes

Soy tan miserable que hoy me planteo el suicidio y mañana quiero vivir hasta los cien. 
La vida, qué deciros, la montaña rusa de la vida. 
Un mísero rayo de sol y una brisa tranquila me empujan a soñar, a ilusionarme, a querer volver a dominar el mundo como cuando era un crío.
Mis horas más bajas desde que toqué fondo allá por 2010 empiezan a cesar de nuevo. Me redescubro, me reencuentro.
La introspección y el autocontrol, con algunos toques de belleza y esperanza, y boom.
Quiero tocar el cielo, fragmentarme en las miradas y hacer del hedonismo más puro una filosofía.
He sido todo lo bueno y todo lo malo. Ahora toca aprovecharme de ello y sacar tajada.
Soy un soldado, un ronin que vive para su camino y por su oficio interno, para sí y por sí.
Y lo seré en esta ciudad o en la que me toque. Grandes planes. 

sábado, 11 de marzo de 2017

82. Ni olvido ni perdón

No sé si alguna vez he escrito en algún sitio sobre esto, pero allá voy.

El 11 de Marzo de 2004 yo estaba en 1º de ESO. En aquel entonces mi familia aún estaba “unida” y yo no era un enfermo crónico ni un fracaso escolar.
Como todas las mañanas me dirigía a la ‘ruta’, o lo que viene siendo un autocar que nos llevaba al instituto a los chavales de la zona (que no estaba demasiado lejos, pero ya sabéis cómo son las madres a esas edades). Para llegar hasta dicho autocar tenía que cruzar la Albufera, la avenida principal de mi barrio y que me pilla al lado de casa.
Ese día, antes de salir, mi madre ya exclamó un “ay que ver la cantidad de policía que está pasando”. Todos venían del centro e iban hacia Villa de Vallecas o hacia Madrid Sur.
Al bajar y cruzar la avenida pasaron más. Delante de mí unos cuatro o cinco con la sirena puesta. Como niño no le di demasiada importancia y me monté en el autocar para ir al instituto.
A primera hora tocaba inglés. Aún recuerdo a Conchi como la típica profesora con aura de madre dulce y un poco ingenua. Un encanto. Estábamos con unos ejercicios de listening usando el típico radio cassette que funciona más mal que bien. Al rato, y no recuerdo muy bien por qué, quitamos el CD del workbook para poner la radio. Creo que fue a petición de un compañero de clase que estaba nervioso porque su hermano trabajaba por Nuevos Ministerios y había escuchado algo antes de salir de casa. Conchi, pues, accionó el botón.
En ese momento la mujer puso una cara enorme de preocupación y varios alumnos empezaron a llorar. Yo, no sé si por inocencia o ignorancia, pasé bastante del tema e intentaba escuchar lo que decían en la radio. Exclamé un “no entiendo por qué lloran” y me quedé tan ancho. Al cabo de un rato sólo éramos tres de casi treinta los que no llorábamos en clase.
Empezó aquí el momento caos: Conchi decidió terminar la clase y simplemente hablar con nosotros explicándonos la situación mientras alumnos de otras clases corrían por los pasillos llorando y gritando que iban a atentar contra el instituto. Yo pensé para mis adentros que eso no tenía sentido. Obvio que no lo tuvo, era un bulo más de la imaginación de los chavales.
Nos mandaron a todos al patio. Bueno, a todos los que quedábamos, pues la mayoría se había ido a hacer pellas o se los habían llevado sus padres a casa. En el patio nos reunieron a todos alrededor de un profesor (al que más mayor conocería, un gran tipo) que empezó, usando un megáfono, a pronunciar “ETA NO”. Todos los chavales nos sumamos como monos a aquello. Dio un discurso sobre el terrorismo, sobre ETA y esas cosas.
Al cabo de un rato nos volvimos todos para casa, pues las clases se suspendieron. Ya aquí, viendo las imágenes, pude ser algo más consciente de todo lo que sucedió aquella mañana del 11 de Marzo de 2004.
Ahora, trece años después, soy consciente plenamente de todo lo sucedido, y también de que se nos esconden y se nos escapan muchas cosas.
Evidentemente no se supo que ETA no tenía nada que ver hasta pasadas las elecciones, sin ser esto lo más grave pues, a día de hoy, se ha demostrado que existe una inmensa cantidad de mentiras y falsedades que rodean la investigación de los atentados (pérdida de información, cabezas de turco que pagaron lo de otros, intereses políticos y económicos detrás, etc).

Que descansen en paz todas las víctimas y que sigan fuertes los familiares de estas. Un amor para todos.

jueves, 2 de marzo de 2017

81. Top de Febrero [cine]


1. Forajidos - Robert Siodmak
2. La soledad del corredor de fondo - Tony Richardson
3. Manchester frente al mar - Kenneth Lonergan
4. Frantz - François Ozon
5. Neruda - Pablo Larraín
6. La mujer del cuadro - Fritz Lang
7. Que dios nos perdone - Rodrigo Sorogoyen
8. Alto, bajo, frágil - Jaques Rivette
9. Deux Rémi, Deux - Pierre Léon
10. Kubo y las dos cuerdas mágicas - Travis Knight

Un poco de los estrenos, un poco de los cuarenta y otras cosillas. He tenido el cuerpo para más cine que el mes anterior. Normal, entre otras cosas, porque el mes pasado fue un caos. Creo que ya lo comenté por aquí: 2017 está siendo farragoso a más no poder. Jamás pensé que tendría que tirar de nuevo de pastilla diaria, o incluso de dos. 
Intentaremos terminar a tiempo y con buena cara para cuando llegue Junio.

martes, 7 de febrero de 2017

80. Sedimento y acumulación

En mis horas más bajas soportando esa injusticia que me provoca frustración, ansiedad, rabia, dolor, decepción…Toda una sedimentación de sensaciones negativas, horribles…A veces mi mente y mi cuerpo piden parar. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan impotente, quizá desde el bachillerato y las miradas de jueces anónimos, o desde la horrible infancia que me dieron mis padres.
No suelo llorar jamás, sólo me saca lágrimas la rabia, como si fuese un embudo mágico.
Creo que, si sigo así como sigo, es porque sigo sin saber quién soy. Quizá esta pregunta me persiga toda la vida, haga lo que haga, consiga lo que consiga.
Todo viene precedido por un mes horrible en todos los aspectos y tras un viaje de introspección que reservé hace dos meses como si me oliese todo esto.
Seguimos remando, oh emperador, seguimos. Aunque fuera llueve y truene servidor tiene un cometido: el de responderse preguntas. Seguimos en línea.
Me he vuelto a plantear cosas de cobardes, que en dicho momento parece la opción más valiente, pero no, ahora no, al menos por mí, me lo debo, son mis principios escritos a fuego y tinta, a cemento y salitre.

Seguimos en línea, seguimos.

jueves, 2 de febrero de 2017

79. Top de Enero [cine]


Poco puedo añadir. Por fin entre con Casablanca por la puerta grande, me emocioné con La La Land el día de su estreno, me enamoré de Two Lovers y disfruté de alguna buena película más.

Enero ha sido un mes difícil, terriblemente difícil, quizá uno de los más difíciles de mi vida. Ahora, parece que todo remonta, aunque hay cosas que no dependen de mí. La ansiedad ha vuelto cuando menos la esperaba y me puede jugar una mala pasada de cara a dos estúpidos exámenes que me pueden mandar a Septiembre.

Nada más, en cuatro días estaré liberado. Nuevo cuatrimestre y la recta final del TFG.

viernes, 27 de enero de 2017

78. Inadaptado

Ayer, durante una larga y profunda charla con una de esas personas con las que parece que sí me entiendo, comprendí que debería empezar a asumir que jamás encajaré en esta sociedad.
Todas esas absurdas convenciones sociales, todas esas frases hechas que se dicen de manera vacua, el tener que contar medias verdades en vez de ser claro, el tener que aparentar estar rodeado de personas para no sentirse solo y sonreír a cámara aunque dentro de ti eso parezca una maraña de basura. Son muchas cosas las que no entiendo y tampoco comparto de este absurdo espejismo de la sociedad. Evidentemente no es agradable en ciertos momentos, pero siempre encuentras algo o a alguien que te hace ver que eso no merece la pena. Cada uno es como es, sin tener la culpa de ello, y lo mejor es aceptarlo y tirar p’alante.
Me doy cuenta, además, que la inmensa mayoría de mis textos de mierda rezuman frustración e incomprensión. Bueno, es que no es de otra forma, qué le voy a hacer. Escribo estas gilipolleces desde mi parte más profunda y sincera y, si esto es lo que siento, no voy a camuflarlo.
Todo viene a raíz de ver la diferencia entre hablar con esas dos o tres personas que te comprenden y hablar con todos los demás. Para unos eres alguien más, para los otros eres un bicho raro, inadaptado, en cierto modo surrealista…


Pero bueno, eso, que hay que seguir, luchando por alcanzar completar nuestro ser a través de nuestras acciones.

martes, 24 de enero de 2017

77. Aventuras en Dublín: mi primer viaje solo.

No pretendo fardar del viaje ni escribir un texto pretencioso, anda que no conozco gente que se ha ido al extranjero a buscarse la vida. De hecho, quiero que sea algo cercano, pues creo que es la mejor manera de soltar tanta palabra, así, a modo de anécdota.

Día 1 Jueves
Después de haber visto el anochecer desde el avión llegué a eso de las siete y algo de la tarde a Dublín. Encontré rápido el bus que me dejaba en la ciudad, así que fetén, en media hora estaba llegando a Temple Bar. Decir que todos los buses de Dublín son de dos plantas, con mucha información por todos lados y conexión wifi bastante rápida.
Al llegar a Temple Bar tiré un poco de intuición, pues ya sin el wifi del bus no podía tirar de Google Maps. Di tres vueltas y, cuando pude pillar conexión durante tres segundos, me di cuenta de que estaba prácticamente al lado del hostal. Había tenido suerte, asombrosamente.
Al entrar en la habitación me encuentro con mi primer roomate, el cual me acompañaría (desgraciadamente) durante los cuatro días que me quedaban allí. Un pavo escocés de 55 años, heavy, con barba larga y tatuajes y, lo más importante, un puto kilt, que el cabrón no se quitaba ni para dormir (literal). Le saludé y me dijo que estaba aquí por un concierto de la gira de despedida de Black Sabbath y Ozzy Osbourne. Hablamos un poco de nuestras vidas y se piró. Yo me hice un poco a la litera y acomodé mis cosas.
Salí a darme una vuelta de reconocimiento, que se alargó bastante porque no encontraba donde cenar algo en condiciones. Tras entrar a un Tesco y fundirme cuatro pavos en un puto sándwich de mierda el cual ni me terminé, volví al hostal para ver si planchaba la oreja o, al menos, descansaba un poco.
Al entrar me encuentro a dos personas más en la habitación dejando sus cosas: un americano morenito y bajito de 28 años, de ascendencia cubana y puertorriqueña, exmilitar  y actualmente viajando por Europa; y a un holandés transexual en plena etapa de hormonas para hacerse mujer, este diría que de casi 40 años, que vestía como una adolescente y con los dientes podridos. Me presento y, no sé por qué, me pongo nervioso y empiezo a preguntarles mil cosas, interrumpiendo casi su conversación. Hablamos de bastantes cosas, cuando el americano se fue a cenar y me quedé casi una hora a solas hablando con el holandés. Hablamos de su país, del mío, de su amigo catalán, de que él es “una diva”, de que yo era muy intenso, de política, de demografía…Nos cundió, la verdad, aunque era un tipo verdaderamente extraño y no parecía llevar una vida demasiado ordenada (por lo visto vivía de hostal en hostal en Irlanda desde hacía años).
Llegó el usano y ya, desde nuestras camas, hablamos para intentar dormir, cosa que se alargó de más. Gran parte del tiempo me dediqué a escucharles, pues era interesante y yo me estaba quedando frito. Decidimos que mejor dormir tras una hora de parloteo…A lo que llegó el escocés, mamadísimo, dándose de hostias con las literas y tirándose pedos. Se fue directo a la cama con todas sus cosas encima de ella y al minuto se puso a roncar. Creo que en mi vida he escuchado unos ronquidos iguales, ronquidos que me joderían noche tras noche.
En este momento comenzó la peor noche de las cuatro. El holandés se levantó entre diez y doce veces a pedirle al escocés que dejase de roncar, siendo ignorado todo el rato, así durante varias horas en plena madrugada. Terminarían los dos haciendo un festival de ronquidos muy curioso, dejándonos a mí y al usano sin dormir.

Día 2 Viernes
El holandés se había ido de la habitación cuando, después de una hostia contra la litera, me desperté a eso de las siete y media. Estaba hecho polvo, pero era el primer día y había que cumplir el itinerario. Salí a desayunar y me sorprendió la cantidad de comida que podía meterme pa’l cuerpo, lo cual apenado tuve que rechazar si quería seguir vivo esos días, no podía inflarme a mierda si no quería tener dolor de estómago. Al rato vino el usano y soltó un ‘Last night…uffff’. Le comprendí de sobra, se veía deambular como yo sin haber podido dormir.
Al terminar el desayuno cogí la mochila, la cámara y me dispuse a ver la parte este de la ciudad: Temple bar completo, zona de tiendas, la linde del río Liffey, los dos o tres parques y las dos o tres catedrales e iglesias de la zona, el Trinity College, etc.
Me cundió bastante y me dio tiempo a ver de todo. Un yonki me paró en medio de uno de los puentes que cruzan el río para decirme que por qué le hacía fotos a ‘un trozo de mierda como el Liffey’, entre otras cosas.
Tuve que salir del paso comiéndome una basura del Subway, el cual odio, pero es que Dublín está lleno de Subways y no son demasiado caros.
Tras unas siete horas pateando volví al hostal para echarme un rato a dormir. Tras casi dos horas sobando hablé con el usano (que también estaba durmiendo) sobre la noche anterior, sobre el escocés y nuestro amigo holandés y llegamos a la conclusión de que éramos los más normales y que teníamos que salir a cenar algo. Ahí empecé a conocer a Alex, que es como se llamaba nuestro americano. Fuimos a un italiano pequeño de estos que sirven pizzas caseras para cuatro mesas que tiene el local. Una pepperoni (me dejó elegir a mí) y unas Moreti italianas para adecentar. Hablamos de su ciudad, Olympia, cercana a Seattle, de su servicio en Letonia y en el norte de Italia, de baloncesto y de rap americano de los noventa. Me dijo que si podíamos hablar un poco de español, que apenas lo hablaba y le daba pena no saber casi nada a pesar de sus orígenes latinos. Joder, me llevaba de puta madre con este chaval, agradable, tranquilo y con conversación, y de pensamiento muy europeo para ser estadounidense, se notaba que había viajado mucho por el viejo continente. Me explicó el concepto de ‘bar-hop’ que viene a ser lo que aquí conocemos como ir de bar en bar. Pues eso, en cuestión de unas tres horas estuvimos en cinco pubs distintos de Temple bar, todos con música en directo y, para mi desgracia, todos con cerveza cara, y más cara aún si evitabas a toda costa las Stout como la Guinness.
De todos me gustó mucho uno donde el mismo público del local no era extranjero, sino puramente irish. El ambiente que se respiraba ya era distinto a los demás, y fue en el que nos quedamos más rato. Tras pasar por el Temple a las tres de la mañana y empezar a ver guardas de seguridad llevarse a borrachos del cuello, decidimos que lo mejor sería sobar aprovechando el pedo para aguantar los ronquidos del escocés. Al llegar nos dimos cuenta de que hoy éramos los últimos y que, además, había una chica durmiendo en una cama y otros dos chavales en las dos restantes. Con la chica no hablé salvo hola y adiós y con los chavales intercambié dos o tres frases. Eran belgas, hermanos, que venían con una familia entera que también estaba en el hostal.
Bueno, había sido un día completito, tocaba dormir.

Día 3 Sábado
Desayuno, algo más tarde de lo que tenía pensado. Bajé solo, me tomé mi té y mis tostadas (el zumo sabía a puta mierda) y salí a coger el DART, algo así como el cercanías de Dublín. Mi idea del sábado era ir a Malahide, luego a Howth (pueblos costeros cercanos a Dublín) y luego volver al hostal. Me desperté un poco hecho mierda, tanto por la tripa como por la rodilla, la cual me estaba matando ya prontito.
Yendo a Malahide se averió el DART a tres paradas de mi destino. Hubo un momento de confusión pero el conductor nos dijo que el siguiente iba seguro a Malahide y, efectivamente, allí llegué.
Malahide es algo así como Las Rozas pero con playa: club de tenis, hostales victorianos, cochazos, praderas verdes y muchas personas paseando a perros de razas puras. Mientras cruzaba el paseo cercano a la playa empecé a sentirme fatal, tenía que ir al baño. Pasando el club de tenis vi un vestuario medio abierto y pensé que si no mejoraba, volvería y me colaría. Cuál fue mi suerte que en plena playa había unos aseos. Casi lloro de la emoción, joder, y estaban bastante limpios. Tras aquello seguí un rato más por la playa, para más adelante retomar mis pasos hacia atrás e ir a visitar el castillo.
Estaba dentro de un complejo amurallado, con enormes praderas verdes, un museo, una tienda y una cafetería. Lleno de españoles, por cierto, cosa que me llamó la atención. Había un paseo llamado ‘Paseo de los pederastas’ y no me atreví a preguntarle a nadie el porqué, pero casi prefería no saberlo. Un par de fotos al castillo, tres vueltas por las praderas y vuelta al DART.
Hice trasbordo en Howth Junction para poder llegar al Howth original, que no tenía mucho que ver con Malahide. Era un pueblo de pescadores, con un enorme muelle y un faro rojo y blanco. Aquí fue el único momento en que pasé frío de todo el viaje, sumando humedad y viento. Me di dos paseos, vi los acantilados, la isla ‘eye of Ireland’ que es un montículo que se ve desde el puerto y me volví al DART, porque la rodilla me había dicho basta y empezaba a fallarme, ya no sólo era dolor.
En el camino de vuelta, en el propio tren, un grupo de seis españolas ignoraban que las estaba entendiendo. Pinta de chonis, hablaban a voces (y mal) a pesar de aparentar treinta años y presuponérseles mayor madurez. Que si sus ex, sus embarazos, sus reglas…Me estaban calentando la cabeza. Me di cuenta de cómo la gente de alrededor las miraba pensando si se creían que estaban solas en el vagón. Se piraron al rato y el viaje fue rápido.
Estaba hambriento y vi un japonés cerca del hostal. Pedí una cosa, me sirvieron otra (vegetariana) la cual me comí igual con el hambre que tenía, acepté la disculpas de la camarera y al hostal, encontrándome de nuevo mal con la tripa y bastante agobiado por aquello.
Me encontré al usano durmiendo, así que yo hice lo mismo. Al despertar y con la rodilla igual pensé en ver si se despertaba también el americano pero, al comprobar que el cabrón estaba seco, dormí un poco más (o al menos lo intenté, porque dormía fatal todo el rato).
Desperté casi a las ocho igual de hecho polvo, así que decidí que nada de fiesta ni de andar mucho más, que McDonalds a lo barato y de vuelta a dormir, y menos mal que así lo decidí, fue lo que me salvó aprovechar el último día.

Día 4 Domingo
Me tocaba ver la parte oeste de la ciudad, entre otras cosas la Guinness Storehouse y el Phoenix Park, el equivalente a nuestro Retiro.
El usano se había ido de madrugada, así que no aparecería más.
La rodilla la tenía mejor y la tripa igual, así que me cargué de kínder bueno (me comí uno cada día aprovechándome de la máquina del hostal, a la cual le sacaba cambio de más siempre) cogí la cámara y salí.
Callejeé de nuevo, cosa que adoro, tirando de intuición a pesar de perderme bastantes veces, para llegar a la fábrica de Guinness. No entré ni tenía intención, pero la arquitectura brutalista del lugar me sorprendió y me encantó a partes iguales.
Después, en Phoenix Park, estuve mucho tiempo, otras cuatro o cinco horas más o menos, haciendo fotos a aves, ardillas y grandes praderas. Estaba tremendamente bien cuidado (a diferencia de la mierda que tiene la ciudad, un poco como Madrid) y había mucha gente haciendo deporte. No vi ningún ciervo por la época en la que estábamos, pero fue un bonito paseo.
A la vuelta pasé de nuevo por el japonés a comer, me había encantado y no era demasiado caro para lo que era la ciudad. Chicken Ramen, un poco de descanso y al hostal a sobar para compensar las noches de ronquidos.
Al despertar me quedaban unas cinco horas de no hacer nada que aún podía aprovechar. Entré a la Filmoteca Irlandesa, que era infinitamente mejor que la nuestra, con restaurante interior y todo. Investigué por un par de lugares más y me volví al hostal, pues no tenía nada más que hacer y al día siguiente volaba de vuelta.

Día 5 Lunes
Con todo hecho y preparado desayuné, recogí, me di un agua y salí para el aeropuerto. Todo sin problema salvo por mi larga espera en la terminal.
Dejé detrás la ciudad de los puentes, del olor a fritanga, de los pubs y de la música.
Recomiendo a cualquier persona que dude en viajar solo que se decida a hacerlo pues, salvo los momentos de soledad aburridos, es una experiencia muy grata. Me sorprendió además que me pudiera manejar sobrado con el inglés, estando acojonado días antes con este tema.


La hostia de realidad me la llevé al volver a casar para seguir aguantando voces y malos modales…

domingo, 8 de enero de 2017

76. Tabula rasa

He nacido mártir (y quejica) fruto de su circunstancia.
Pobre, obrero y con conciencia de ello. Poco puedo tener, pero poco importa ahora.
De ese poco, hay algo primordial que siempre ha faltado en mi vida y que, por unas cosas u otras, jamás disfrutaré, y es una figura materna o paterna a la que idolatrar y seguir, a la que tomar como ejemplo, de la que extraer las bondades y las maldades de la sociedad, etc.
Lo triste, en realidad, no es que no las tenga, es que las tengo, pero su valor es inexistente en mi vida, incluso la degradan en gran parte. El porqué de ello no importa.
Lo que acontece aquí es: ¿Entonces, en quién me he fijado y me fijo para ser como soy? Esta pregunta durante el proceso de aprendizaje, de niño o adolescente, es complicada de responder porque, inevitablemente, he absorbido parte de su ser, aunque siempre de una forma superficial. Luego, en el momento en el que tengo una inquietud cultural y social mayor, todo se queda en blanco. He sido una tabula rasa sin domesticar hasta hace relativamente poco, he llegado tarde al mundo, con un plus de desventaja sobre el resto.
Siento una envidia casi inexplicable al ver a amigos y conocidos compartir con sus padres, ya sean gustos, inquietudes, meras palabras más allá de lo banal. Yo no he tenido nada de eso, he salido a buscarlo como he podido movido por mis ganas de no quedarme así, en blanco.
Si no fuese porque me siento orgulloso (en gran parte) de como soy, viviría aún más amargado, pero entiendan que me tengo a mí y poco más, que no he creado vínculos fuertes que sigan presentes ahora mismo.

Reflexionando una vez más sobre esto termino jodiéndome el día.

martes, 3 de enero de 2017

75. Top de diciembre [cine]

Bueno, top de Diciembre, de las producidas este año y de lo mejor que he visto en general este 2016, pondré los tres tops.

El primero, el top de Diciembre, como cada mes.


Estrenos sobre todo, pero también alguna de mi ciclo de cine irlandés y del ciclo de los 40 (la única que se cuela es Balas sobre Broadway de Woody Allen). De las tres primeras no diré nada ahora, puesto que salen más adelante como lo mejor visto durante este año. En la cuarta posición tenemos White Heat, película de cine negro y gángsters de Raoul Walsh, genial si eres amante del género.

Ahora, el top de los mejores estrenos de 2016 (o películas de 2015 filtradas o estrenadas este año).


He querido poner sólo obras de ficción (después hablaré de HyperNormalisation). Un gran año de cine del que aún quedan por estrenarse muchas, sobre todo las americanas que irán de cabeza a los óscars. De las diez, he visto cinco en el cine, otras dos en plataformas online de manera legal y tres de manera ilegal, como dato interesante. Toni Erdmann será la clara ganadora al oscar de habla no inglesa, mientras que Isabelle Huppert estará en las quinielas para ganar el de mejor actriz. Kaili Blues es una joyita con un plano secuencia de 40 minutos y una puesta en escena muy llamativa a lo largo de todo el film. La BSO de La tortuga roja me hizo llorar, y su animación me dejó loco. No diré mucho más por no enrollarme aquí, pero son todas películas magníficas.

Para finalizar, aquí dejo las 25 películas del año, sea del tipo que sea cada una de ellas. Marcaré en negrita las que sean de este mismo año, estando también en el top anterior.


1. El graduado (Mike Nichols) 1967, Estados Unidos.

2. Chantaje en Broadway (Alexander MacKendrick) 1957, Estados Unidos.

3. HyperNormalisation (Adam Curtis) 2016, Reino Unido.

4. Lawrence de Arabia (David Lean) 1962, Reino Unido. 

5. Hijo de Saúl (Laszlo Nemes) 2015, Hungría.

6. Anatomía de un asesinato (Otto Preminger) 1959, Estados Unidos.

7. Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz) 1950, Estados Unidos.

8. Hasta que llegó su hora (Sergio Leone) 1968, Italia.

9. Toni Erdmann (Maren Ade) 2016, Alemania.

10. Rocco y sus hermanos (Luchino Visconti) 1960, Italia.

11. Un condenado a muerte se ha escapado (Robert Bresson) 1956, Francia.

12. La caza (Carlos Saura) 1966, España.

13. El intendente Sansho (Kenji Mizoguchi) 1954, Japón.

14. Kaili Blues (Bi Gan) 2015, China.

15. Tres samuráis fuera de la ley (Hideo Gosha) 1964, Japón.

16. El ejército de las sombras (Jean-Pierre Melville) 1969, Francia.

17. Elle (Paul Verhoeven) 2016, Francia.

18. El conformista (Bernardo Bertolucci) 1970, Italia.

19. Final cut: Ladies and gentleman (György Pálfi) 2012, Hungría.

20. Gritos y susurros (Ingmar Bergman) 1972, Suecia.

21. Una jornada particular (Ettore Scola) 1977, Italia.

22. La tortuga roja (Michael Dudok de Wit) 2016, Francia.

23. El salario del miedo (H.G. Clouzot) 1953, Francia.

24. Paterson (Jim Jarmusch) 2016, Estados Unidos.

25. El discreto encanto de la burguesía (Luis Buñuel) 1972, Francia.


Ha sido un año cojonudo de cine, no encuentro otro adjetivo más indicado. Me gustaría centrarme en HyperNormalisation, un documental del gran Adam Curtis. En esta ocasión repasa la historia reciente del mapa geopolítico global para darle una explicación al actual, desmontando las guerras de Irak, del golfo, de Libia, de Siria, las Primaveras Árabes, la nefasta política de los países anglosajones y un largo etcétera, así como el estado de internet en la sociedad. Digamos que es el documental que a mí me hubiese gustado rodar, de ahí que me haya embaucado tanto.